JUTLANDIA
Los habitantes de jutlandia suelen decir que la verdad no existe. Que solamente pueden coexistir la ignominia y las afrentas.
Se juzgan a si mismo como seres creibles pero no veraces. Afirman que guardan una capacidad manifiesta para revelarse honestos aun en los distritos donde no son tales.
Aquellos que habitan el estrecho de Skagerrak imponen sanciones a toda persona que carece de fiabilidad. Son condenados a trabajar descalzos e incluso a dormir cada dos días. Una verdad existente pero no revelada no es juzgada como tal. Se infiere que nunca existió. Una premisa de afirmaciones es una mentira potenciada. Un caudal de verdades es valorado como un deshonor.
En Kattegat las noches son brumosas. La dársena principal grafica una imágen de los primitivos jutos. El puerto viejo solemniza los anocheceres. En uno de sus extremos hay una placa en homenaje a un hombre. Los historiadores cuentan que ese hombre nunca existió.
Los jutos afirman su existencia. pero no de modo empirico. Dicen que en verdad aquel hombre vivió entre los años 1855 y 1887 y era un gran pescador. Sus verdades eran ramas expuestas de sus mentiras.
Gozó todos los días de la semana y también los viernes.
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