1879
Está el cielo triste en Francia, las espadas figuran sus llamas. La sangre es un mar cubriendo el polvo de los llanos, los gritos son mas gritos que en otro lugar del mundo.
Las venas se encadenan y se crispan. Se funden y se lamentan.
Envuelto en lágrimas encuentro a un niño, me entrega un papel, su madre ha muerto.
No entiende porque está aquí, no lo sabe. Aquella fue relegada a ciudadana de segunda por orden de la Asamblea Nacional y asesinada.
Luís XVI gobernaba junto a sus temores y aduladores.
El niño me mira, suelta su llanto, toma mi mano y me indica el camino que debo seguir.
Los Sans-Culottes proclaman su terror. El niño me pide ayuda, está solo, tiene miedo, sabe que morirá.
El día me encuentra en Aberdeen, sentado a orillas del Mar del Norte, tomo el papel que el niño me dio, lo abro, se que ha muerto. Su padre me lo ha confesado.
Yo también se que muero.
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